Coronavirus: científicos argentinos secuencian 450 genomas para comprender mejor al COVID-19

Es un trabajo de más de 100 investigadores locales. Buscan determinar si existe una relación entre las características genéticas del virus y la severidad de los cuadros clínicos.

El coronavirus que saltó por primera vez a un humano en China no es exactamente el mismo hoy. Genéticamente hablando, a medida que la cepa de COVID-19 se propaga, muta. Y saber sobre esas mutaciones es clave para determinar cómo se compone la versión que circula por la Argentina.

Un consorcio de más de 100 investigadores ya secuenció cerca de 450 genomas de coronavirus provenientes de pacientes de la Patagonia, de Córdoba y del AMBA. Estos se agregarán a análisis genómicos de virus aislados en Chaco y Santa Fe para que en las próximas etapas se pueda analizar la circulación comunitaria en todo el país. Un genoma es un conjunto formado por el material genético del ADN de los cromosomas y de las mitocondrias.

«La secuenciación de los genomas virales y el análisis de su evolución son importantes para conocer el patrón de circulación global y las cadenas de transmisión viral particulares», indicó Mariana Viegas, jefa del Laboratorio de Virología del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez.

Además, sirve también para «monitorear cambios que podrían impactar en la biología viral, el diagnóstico molecular y la efectividad de vacunas antivirales en los diferentes virus circulantes», detalló la coordinadora del Consorcio interinstitucional para la secuenciación del genoma y estudios genómicos de SARS-CoV-2 que creó el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.

El objetivo del equipo es «secuenciar mil genomas distribuidos en todo el país», afirmó la investigadora del CONICET a la agencia CyTA-Leloir.

Los primeros análisis, que se realizaron a partir de muestras tomadas en abril y mayo, demostraron una “sectorización” o confinamiento en determinadas áreas geográficas de distintos linajes o grupos genéticos del virus, como consecuencia de la restricción del movimiento de la población.

“Por ejemplo, no encontramos un contínuum del virus en el Gran Buenos Aires y la Ciudad de Buenos Aires, sino que según el barrio o la localidad se podían reconocer distintos orígenes del virus”, señaló Viegas. Sin embargo, con la flexibilización de la cuarentena y la mayor circulación de la gente, la investigadora cree que probablemente los virus ya empezaron a mezclarse. Algo que podrán comprobar en los análisis de muestras tomadas en junio y julio.

Una vez que obtengan todos los genomas de los coronavirus estudiados, sumado a la información clínica de los pacientes, los investigadores evaluarán si existe alguna correlación entre las características genómicas del virus y las situaciones hospitalariasde los pacientes que lo padecieron.

«Hasta la fecha, esto no se encontró en otras partes del mundo, por eso hay que juntar muchos datos y casos», indicó Viegas.

En febrero, el grupo de Viegas, formado por bioquímicas biotecnólogas especializadas en genómica de virus respiratorios, al ver la posible llegada del COVID-19 al país, decidieron prepararse para tener un protocolo que pudiera secuenciar los genomas completos directamente a partir de muestras clínicas