Coronavirus: cinco mitos y una verdad sobre el uso de barbijos

La utilización de las máscaras faciales está rodeada de mentiras sin base científica. ¿Se respira menos oxigeno? ¿Los de tela no protegen? ¿Propician otras enfermedades?

El debate sobre el uso de los barbijos para contener la expansión del SARS-CoV-2 está rodeado de un halo de mitos pseudocientíficos, alentados por ciertos políticos polémicos -como el brasileño Jair Bolsonaro y el estadounidense Donald Trump-, que desaconsejan su utilización para evitar males mayores.

Sin embargo, la posición científica predominante es que en las zonas con transmisión comunitaria de COVID-19, el uso del barbijo ayuda a evitar la propagación de la enfermedad, especialmente en los lugares donde no sea posible respetar una distancia física de entre un metro y medio y dos metros.

Aunque el uso de este sistema de protección no frena por sí mismo la propagación del virus -se requieren a su vez estrictas medidas higiénicas y de distanciamiento social- sí existe un consenso en que su utilización ayuda a detener la pandemia, que ya afectó a más de 15,5 millones de personas en todo el mundo.

Estas son algunas de las mentiras que circulan en torno al uso de las máscaras faciales y las certezas que la investigación científica determinó sobre su utilización:

1. Se respira menos oxígeno

Falso. Varios mensajes difundidos en redes sociales aseguraron que el uso de barbijos produce “hipoxia” o falta de oxígeno en la sangre.

“Su uso permanente hará que las personas sanas enfermen porque están respirando aire en menor cantidad de lo que su cuerpo necesita”, se afirmaba en un texto extendido a través de Facebook que ya fue retirado de esta red social.

No existe ninguna evidencia científica que sostenga que la utilización de máscaras faciales provoque hipoxia. Los materiales que se emplean en su fabricación permiten la entrada suficiente de oxígeno.

2. Se respira dióxido de carbono

Falso. El uso de mascarilla, contrariamente a lo que sostienen algunos mensajes difundidos en Facebook y WhatsApp, no produce hipercapnia o exceso de dióxido de carbono en la sangre arterial.

Según estas fake news, que no se basan en pruebas científicas, la hipercapnia aparece porque los barbijos retienen el dióxido de carbono que se exhala al respirar y, por lo tanto, se respira “una y otra vez el aire exhalado”.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “utilizar mascarillas médicas durante mucho tiempo puede ser incómodo, pero no provoca intoxicación por dióxido de carbono ni hipoxia”. “Una vez puesta, compruebe que está bien colocada y que le permite respirar con normalidad”, añade el organismo.

3. El barbijo activa tu propio virus

Falso. La afirmación proviene del documental Plandemic, denostado por el cúmulo de mentiras que aglutina, en el que la bióloga Judy Mikovits realiza la siguiente afirmación: “Usar la mascarilla literalmente activa tu propio virus, te estás enfermando por tus propias expresiones de coronavirus reactivadas, y, si resulta ser SARS-CoV-2, entonces tenés un gran problema”.

El argumento de Mikovits, sobre que uno mismo podría infectarse a sí mismo con un virus que ya tenía en su organismo, carece de base científica.

4. Su uso propicia la aparición de infecciones respiratorias

Falso. El uso de la mascarilla no propicia la aparición ni de hongos ni de infecciones respiratorias siempre que se emplee de forma adecuada.

Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) recuerdan que los protectores faciales desechables “deben usarse una sola vez” y que los reutilizables “deben limpiarse y desinfectarse después de cada uso”.

La misma recomendación hace la OMS, que subraya, además, la importancia de cambiarlas cuando se humedezcan.

5. Los barbijos de tela no protegen

Falso. Las mascarillas higiénicas o de tela actúan como barrera para evitar la propagación del virus desde el usuario a otras personas, según defienden tanto la OMS como los CDC estadounidenses.

Sí es cierto que su nivel de protección es inferior a las médicas, que reducen la cantidad de gotículas respiratorias transferidas por el portador de la mascarilla a las demás personas, al mismo tiempo que evitan que quien las usa sea infectado por otros.

Lo mismo con las autofiltrantes, que están diseñadas especialmente para el personal sanitario que atiende a pacientes de COVID-19.

La OMS recuerda que “usar una mascarilla de tela no basta para proporcionar un nivel de protección adecuado” y recomienda “mantener una distancia física de al menos un metro con los demás”, además de lavarse las manos con frecuencia y evitar tocarse la cara y la propia mascarilla.

6. El uso de los barbijos conlleva riesgos

Verdad. Los expertos consideran que usar mascarillas para prevenir el COVID-19 conlleva asumir varios riesgos. El principal es que crea la falsa sensación de seguridad de estar protegido.

Para la OMS, puede aumentar las posibilidades de infección por el SARS-CoV-2 en la medida en que quien lleva la máscara facial puede tender a tocarse la cara con las manos sucias.

El organismo señala que, si no se lleva la mascarilla adecuada, el uso de esta puede dificultar la respiración. Por otra parte, apunta que el uso de la máscara facial puede llegar a dañar la piel de la cara. Su uso está desaconsejado en menores de dos años, personas con dificultades respiratorias y en aquellas que necesitan ayuda para colocársela.