Manteca o margarina, ¿cuál creés que es más saludable?

Algunos piensan que son lo mismo, pero, más allá de su parecido, enterate cuáles son las principales diferencias.

Algunos la consumen previo a una cena, untada en un pan y con un poquito de sal, como entrada. Otros, en el desayuno, encima de la tostada. También se puede usar para cocinar, en fideos o papas. En realidad, son muchos sus usos, aunque algunos la consuman con un poco de culpa: estamos hablando de la manteca, o de la margarina.

¿Sigo comiendo la primera? ¿Me debería cambiar a la segunda? ¿Debería borrar ambas de mi alimentación y elegir otro untable?

Hay quienes piensan que son lo mismo, pero no lo son. Y esa equivocación puede surgir de su parecido: físicamente son casi idénticas, y sus usos son similares. Además, ambas son altamente energéticas y de gran aporte calórico. Pero no solo se diferencian porque una es más económica que la otra, hay otros motivos.

La manteca proviene de la grasa de la leche de origen animal, se obtiene al batir leche o crema con el objetivo de separar los componentes sólidos de los líquidos, en cambio, su contraparte, que se creó como un sustituto de la manteca, se elabora a partir de diferentes tipos de grasas de aceites vegetales, por lo tanto, es de origen vegetal.

Más allá de ser un alimento muy consumido en las casas argentinas, y del mundo, la manteca estuvo en el ojo de la tormenta cuando “sus altos niveles de grasa saturada se asociaron con un mayor riesgo de enfermedad cardíaca”, explica la escuela de Harvard en su portal web.

Muchos tomaron entonces la decisión de excluirla además por su aporte negativo de colesterol y calorías. En ese momento, apareció como reemplazo la margarina.

Hacer el cambio era una decisión bien intencionada, porque la margarina tenía menos grasa saturada que la manteca. Pero, más allá de esto, nunca hubo una evidencia certera de que usarla como reemplaza reduciría las posibilidades de sufrir un ataque cardíaco o de desarrollar una enfermedad cardíaca.

“Las margarinas más antiguas tenían altos niveles de grasas trans, lo que suponía un doble golpe para la enfermedad cardíaca al elevar los niveles de colesterol malo (LDL) y disminuir los niveles de colesterol bueno (HDL). Muchas personas se sintieron traicionadas o engañadas”, describe Harvard Health Publishing.