Tras la polémica Las jugadoras de la selección de Beach Handball también las mejor vestidas del mundo

Surge esto tras la polémica por la indumentaria que usaron. “Las chicas se sintieron diosas y la rompieron”, opina la diseñadora.

Se armó una polémica algo absurda en torno a la indumentaria utilizada por las jugadoras de beach handball. Las chicas la rompieron en la cancha y también dejaron en claro que ellas usan lo que quieren.

“Las chicas se sintieron diosas y la rompieron”, opina la diseñadora de esa ropa, la jugadora de voleibol Andrea Sala Rigler. También dijo que se armó una “polémica inútil”.

Así explicó ella al diario La Nación cómo surgió la idea del diseño: “Ese top se transformó en mi caballito de batalla. En 2011 vino Florencia Am, la capitana, a decirme que estaba el proyecto del beach handball, que era algo nuevo, y buscaban a alguien que les hiciera la ropa. Siempre enmarcadas en el reglamento me dieron las especificaciones e probamos una versión. Yo siempre pensaba en el roce, en que no quedaran desnudas, entonces lo hice con elásticos gruesos. Pasaron los torneos y todos los países los fueron achicando, haciéndolos más livianos. Ellas nos decían que se les metía en la cola todo el tiempo”, explica. Así, las chicas fueron buscando variantes. “Llegamos a moldes que les gustaron. El ida y vuelta siempre fue en persona. Sacamos otras versiones e hicimos estampados que fueron copiados por otros países. Inclusive, alguna vez, a las chicas argentinas las eligieron como las mejor vestidas del mundo”, dice Sala Rigler.

Los culottes y los tops llamaron la atención de muchos asistentes a los Juegos. También usuarios en Twitter acusaron de machista al reglamento que regula la vestimenta. “Tiene especificaciones técnicas en cuanto a los números y la ubicación. El máximo es de 10 centímetros de costado. Desde mi punto de vista, eso sí se presta a la polémica. El resto es un debate inútil. Y hay culturas que no están cómodas con eso. Sería interesantes revisar el reglamento y sus razones”, remarca Sala Rigler.

“Para Buenos Aires 2018 yo les pregunté y las jugadoras me dijeron que querían el uniforme como las mayores. A mí la Confederación me paga por esta ropa, vivo de esto, llevo adelante este micro emprendimiento. Todo a pulmón. Es una ropa especial, a pedido. Es algo artesanal, hay un trabajo, un pensamiento y un cuidado. Soy deportista, mujer, sé lo que se siente estar bien vestida: ellas se sintieron diosas y la rompieron”, remarca Sala Rigler. “No sé cuál es el objetivo de la crítica, es una polémica inútil. Las chicas se plantaron cuando les preguntaron. Fueron ellas quienes lo decidieron, nadie las obliga y tienen el derecho de ponerse lo que quieran. Son libertades personales”, enfatiza.

A propósito de las diferencias que existen en las medidas de la parte inferior de la ropa que utilizan las argentinas en comparación con la que lucen las europeas, las jugadores aportaron su punto de vista en TyC Sports. “Así nos sentimos cómodas. Con calor no se puede jugar de remera y shorts. La gente va a la playa y está en malla, ¿o usan otra cosa?”, se preguntó Belén Aizen. “Nosotras mismas pedimos que lo achicaran, inclusive teniendo en cuenta el modelo que usamos en el último Mundial. Y es algo nuestro, solo a nosotras debería importarnos el asunto”, dice Gisella Bonomi. “Se dice cualquier cosa. Yo escuché que estábamos obligadas a depilarnos para jugar. ¡Una locura! No vamos a ser más habilidosas por eso. Estamos en un siglo donde las mujeres podemos optar”, resalta un grupo armonioso que ya se considera “hermanas”.

La versión beach del handball tuvo un gran impacto en el público. En Parque Sarmiento, su escenario, los chicos y las chicas jugaron siempre a estadio lleno. El deporte en sí resultó una gran atracción. Fue novedoso, dinámico, divertido para observar. Detrás de cada una de las chicas de oro hay un esfuerzo, un sacrificio de muchos años. Y una mirada de avanzada que no sólo se refleja en su indumentaria.